Pantallas en la infancia, ¿cuándo y durante cuánto tiempo?

Esta es una pregunta que seguramente el 90% de los papás y mamás, abuelos y abuelas, profes, educadores, etc se han hecho en algún momento. El tema genera bastante controversia, los amantes de las nuevas tecnologías por un lado, los más cautelosos en estos temas por otro.

Los expertos en infancia y adolescencia (neuropediatras, psicólogos, pedagogos, etc) lo tienen claro: cuanto más tardemos en introducirles las pantallas, mejor. Una vez hecho esto, tiempo controlado y limitado.

¿Por qué? Estos son los motivos:

Cuando nacemos, nuestro cerebro aún no se ha desarrollado totalmente. Necesitamos los tres primeros años de vida para que esto ocurra, de hecho, el cerebro de un bebé triplica su tamaño en los dos primeros años de vida debido a la estimulación externa recibida. El neurodesarrollo se produce mediante la interacción del niño con el mundo, con sus figuras de apego, con el contexto. Las neuronas espejo, se activan cuando el bebé realiza una conducta y observa a otro realizarla, de este modo, se inicia el aprendizaje en el bebé. Podemos decir que el recién nacido, es como una esponja que absorbe todo lo que le viene del exterior, todos los estímulos, desechando después los que no le han resultado útiles.

¿Cuál es la edad mínima?

De 0 a 3 años, nunca deben tener acceso a tableta, móvil, TV…

¿Qué pasa con las pantallas en esta etapa?

Pues bien, aquí viene el motivo por el que no deben administrarse en este período: el cerebro del niño sigue inmaduro, está en proceso de creación, por lo que la sobreestimación que provoca la pantalla puede acortar el tiempo de atención en los niños. Mirar una tableta o el móvil, no requiere de ninguna actividad como leer o escribir y tampoco de ninguna interacción y además proporciona una gran cantidad de información y estímulos al niño. Una visión que no corresponde al mundo real, un mundo más lento, con menos estímulos. El niño percibirá el mundo real como más aburrido y esperará la cantidad de sobreestimación que le proporciona una tableta. Concentrarse en un mundo real le resultará más difícil y hará que sea más impacientes e impulsivos.

¿Y después de los 3 años?

La recomendación es que cuanto más podamos alargar la edad a la que les facilitamos estos dispositivos, mejor. Pero bien, seamos realistas: un mundo plagado de dispositivos electrónicos, en el que los primeros en utilizarlos son los padres y en el que la mayoría de estos también se los dan a los hijos, lo más común es que nos adaptemos a los tiempos. Quede claro que la tecnología no es el enemigo, si se hace un buen uso no tiene por que ser perjudicial.

¿Cómo?

El límite y la supervisión son la clave. Veamos algunos consejos que nos ayudarán en casa:
1. Normas claras y por escrito: es muy importante que en toda casa se establezcan unas normas para el uso de las pantallas. Estas deben ser específicas para que los niños las entiendan, y si están por escrito en un cartelito fácil de ver por todos los miembros de la familia, mejor que mejor.
2. El tiempo dedicado cada día a pantallas no debería sustituir nunca al tiempo de juego con amigos, tiempo con la familia, paseos, deporte
3. Dependiendo de la edad del niño se le concederán un máximo de minutos al día. Para niños a partir de 11 años no debería sobrepasar la hora, y en más pequeños, mucho menos.
4. Supervisar el uso: los adultos deben saber a qué tienen acceso los niños en la red, qué uso hacen (videos, juegos, redes sociales, etc). Así como dejarles claro qué y qué no pueden hacer.
5. Promover el tiempo de pantalla activo, más que el pasivo. Es decir, usar la pantalla para ver videos, películas, redes sociales, etc es tiempo pasivo, no requiere ninguna actividad por parte del espectador. El tiempo activo en cambio, hace referencia a actividades como crear una ilustración, un cuento, un video, crear un videojuego, programar un robot, aprender un idioma, investigar sobre un tema, etc. Este tiempo es mucho más beneficioso para el usuario ya que requiere de la actividad de este e implica muchas más habilidades.
6. Fuera pantallas en las horas de comer. Ni tan siquiera la TV debería estar puesta. Los niños aprenderán a atender más a la tarea de comer y además facilitaremos la comunicación con los demás miembros de la familia.
7. El uso de las redes sociales no debería darse hasta al menos los 12 años de edad. Las redes sociales tienen un componente adictivo muy elevado y que sin duda afecta mucho más a los más pequeños, además de ofrecer una visión poco real del mundo y de la vida de los demás. Los adolescentes son muy sensibles en esta etapa respecto a autoimagen y autoaceptación, por lo que son más vulnerables a problemas de autoestima, ansiedad, etc.
8. Nunca uséis las pantallas antes de dormir. Como mínimo (y esto sirve también para los adultos), deberíamos apartar las pantallas de nuestra vista dos horas antes de ir a la cama.

¿Qué no hacer?

Usar las tabletas, móviles y televisión como “chupete digital”. Es decir, darlas para que se callen, para que no se aburran, para que no molesten, etc. Los niños necesitan aburrirse porque cuando se aburren se pone en marcha su creatividad. Además deben desarrollar tolerancia a la frustración, aprender a distraerse solos, a controlarse y a tranquilizarse. Si le das tu móvil para que se calle, para que deje de molestar o se tranquilice no va a aprender a hacer esto sin un móvil de por medio. Los niños necesitan tiempo para imaginar, para crear sus propias historias y soñar despiertos.

Alguna recomendación:

Buscad algún sustituto al uso de las pantallas. Algo incompatible: algún juego de mesa en familia, manualidades, cocinar algo juntos, leer un cuento… Echad un ojo a nuestro artículo sobre 5 mejores libros para educar en inteligencia emocional: http://www.metododivergentes.com/5-cuentos-para-educar-en-emociones/

Quizá es una buena idea introducir un libro cada noche, como sustituto de alguna de las pantallas que seguro está en nuestra rutina. Además, si lo leemos con ellos estoy segura que va a ser mucho más productivo para todos!

Joana Bofí Alvarado, Psicóloga Infantil y Adolescente. Especialista en Altas Capacidades.
CV12247

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