Mi hija adolescente es demasiado perfeccionista

Chica adolescente perfeccionista escribiendo en un cuaderno

Cuando oyes a unos padres el comentario «mi hija adolescente es demasiado perfeccionista», sabes que detrás siempre hay una sensación de orgullo pero a la vez de preocupación.

Como expertos en psicología adolescente, vemos que ese orgullo nace de querer lo mejor para ella, pero la preocupación surge porque esa autoexigencia se traduce a menudo en sufrimiento, bloqueo e incluso, parálisis.

El perfeccionismo puede ser sano en su justa medida, pero si nos pasamos es limitante. Lo que veo en consulta es que muchas veces esta línea se cruza sin que nadie se de cuenta hasta que aparece el sufrimiento.

Cuándo el perfeccionismo empieza a ser preocupante

No toda conducta perfeccionista es problemática. Hay adolescentes exigentes, responsables y cuidadosos con su trabajo y esto no tiene por que generar sufrimiento. El problema aparece cuando esta autoexigencia llega al extremo y es insostenible.

Tuve un caso en consulta de una chica de 15 años, brillante académicamente, pero no conseguía terminar los exámenes a tiempo. Revisaba tanto cada respuesta que daba que no podía avanzar a la siguiente, dudaba, corregía, releía…y al final se bloqueaba. El miedo real no era suspender, era no hacerlo perfecto, el miedo era al error.

Otro de los casos que he visto y se repiten bastante es el de un adolescente incapaz de decidir en cosas cotidianas. No poder elegir ni qué ponerse por las mañanas, o qué película ver, qué pedir en un restaurante por miedo a «no haber elegido la mejor opción». Esto provoca un elevado malestar en la persona y su entorno.

En chicas adolescentes con altas capacidades, el perfeccionismo aparece con mucha frecuencia. Esto, junto a la idea errónea de «tengo que gustar a todo el mundo» tan arraigada en muchas mujeres, puede derivar en un malestar interno constante que genere un gran sufrimiento.

Chica adolescente meditando con ojos cerrados y expresión serena, representando el alivio de la ansiedad y el perfeccionismo excesivo

El perfeccionismo empieza a ser preocupante cuando:

  • Genera ansiedad elevada o bloqueo.
  • Interfiere en el rendimiento.
  • Impide disfrutar de los logros.
  • Afecta a la toma de decisiones.

En estos casos, ya no estamos hablando de querer hacer las cosas bien, sino de necesitar hacerlas perfectas para sentirse válido.

Cómo actuar frente a esta situación

Uno de los aspectos que debemos analizar es cómo actuamos ante el perfeccionismo. La mayoría de veces, y de forma inconsciente, lo que hacemos es reforzarlo: «es una chica muy responsable», «lo hace todo muy bien», «cumple con todo»… Y esto, que puede parecer algo positivo, en realidad aquí lo que hace es mandar el mensaje de tener que seguir haciendo todo perfecto para seguir siendo valorada.

Es importante cambiar la narrativa, normalizar el error, hablar de los propios fallos y demostrar que equivocarse no tiene consecuencias catastróficas.

Igualmente debemos hacerlo con analizar cómo reconocemos los logros. No poner el foco en los resultados sino más bien en el proceso. En vez de felicitar la nota que obtiene, mejor reconocer el esfuerzo que hace cada día.

En sesión trabajamos mucho con algo que suele resultar incómodo al principio: permitirse hacer las cosas suficientemente bien, no perfectas. Esto implica exponerse al error de forma progresiva, tolerar la incomodidad que genera y comprobar que, en la mayoría de los casos, no ocurre nada grave.

Otra cosa que ayuda es ayudarles a flexibilizar su pensamiento. El perfeccionismo suele ir acompañado de ideas muy rígidas: todo o nada, bien o mal, éxito o fracaso. Introducir matices en esa forma de pensar es fundamental para reducir la presión interna.

Cuándo considerar apoyo psicológico

Cuando vemos que la situación escapa a nuestro control, aparece ansiedad o bloqueo o vemos que su bienestar depende de su rendimiento o sus resultados, es signo de que algo ya no va bien. Muchas veces el problema se hace más evidente en épocas de más actividad como por ejemplo en la temporada de exámenes, tal y como hablamos en nuestro artículo sobre gestionar la presión académica en adolescentes.

En terapia se aborda en profundidad el perfeccionismo, las ideas subyacentes y las conductas que lo refuerzan y mantienen. Trabajamos con el miedo al error, la necesidad de control y la autoexigencia.

Además, ofrece al adolescente un espacio donde puede mostrarse sin tener que cumplir expectativas. Un espacio donde relajarse y bajar el ritmo, de desconexión.

Decir “mi hija adolescente es demasiado perfeccionista” es, muchas veces, la punta del iceberg de toda una serie de ideas irracionales que provocan presión y la necesidad de sentirse suficiente.

Buscar ayuda significa aliviar el peso que sienten de ser siempre impecables. Cuando el error deja de ser un enemigo, aparece el verdadero aprendizaje.

Si necesitas ayuda para gestionar esta situación, te ofrecemos nuestra experiencia en terapia para adolescentes en Valencia para que tu hija recupere su bienestar emocional.

C/ Joaquín Costa nº 43
46005. Valencia

hola@metododivergentes.com

Joana Bofí Alvarado

Directora de Método Divergentes y Psicóloga Clínica Infantojuvenil

colegiada nº CV12247

Cuenta con una sólida formación académica, destacando su Licenciatura en
Psicología por la Universitat de València, Máster en Psicología General Sanitaria y diversos másteres especializados en el ámbito infantojuvenil. Joana canaliza su experiencia para ofrecer soluciones integrales a los trastornos infantojuveniles y brindar apoyo a aquellos con altas capacidades intelectuales, su campo de especialidad.

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