Mi hijo adolescente está triste pero no dice qué le pasa

La tristeza en adolescentes muchas veces no es evidente a ojos de su entorno. No se expresa abiertamente, no se pide ayuda, no aparece llanto. Lo que podemos ver es distinto, se muestran más callados que de costumbre, se apartan, están irritables y saltan a la mínima, hay alteraciones del sueño y poca disponibilidad a hacer planes, salir con amigos o incluso con la familia.

Desde fuera notamos que algo es distinto, pero su respuesta la mayoría de veces es que no les pasa nada, y esto hace que nos sintamos pero por no saber qué hacer.

Lo más importante en un primer momento es no forzarles a que hablen, mantenernos observando, acercarnos con cuidado y ofrecerles nuestra ayuda.

Por qué la tristeza es especialmente intensa durante la adolescencia

La adolescencia es una etapa de muchos cambios, tanto a nivel corporal como cerebral, social y familiar y esto conlleva una elevada sensibilidad emocional.

Los cambios más evidentes son los corporales, pero también se producen cambios de identidad, cambios en el grupo de referencia (las amistades pasan a ser el grupo principal, en vez de la familia) y la opinión de los demás tiene mucho más peso que hasta ahora. Además de estos cambios, aparece una necesidad de autonomía e independencia que hasta ahora no estaba.

Empiezan a darle importancia a temas que antes no lo eran, como comentarios externos sobre ellos, discusiones, exclusión del grupo de iguales…A esto, se añade que muchos adolescentes no tienen herramientas suficientes para expresar lo que sienten o miedo a que si lo cuentan les juzguen o simplemente no les den importancia.

Causas más frecuentes de tristeza en los jóvenes

La tristeza en la adolescencia puede tener causas muy diversas, pero hay algunos temas que son más comunes: conflictos o cambios de amistades, problemas académicos, cambios familiares o situaciones de acoso escolar (bullying).

Otras veces el malestar es producto de ir cargándose poco a poco de muchos temas distintos hasta que aparece la tristeza o estado de ánimo decaído.

Cambios vitales y presión social

En estas edades es normal que se den cambios importantes como son el cambio de colegio a instituto, cambio en el grupo de iguales, cambios en las rutinas y horarios, etc. Aunque parecen cambios simples y sin importancia, para ellos sí tienen un gran impacto.

También es una etapa en la que la presión social es importante: quieren encajar, gustar, ser aceptados y tener una vida aparentemente envidiable (la comparación es continua en estas edades).

Además, en la actualidad la adolescencia vive en una exposición constante. Las redes sociales tienen una gran influencia y fomentan la comparación continuamente. Esto puede hacer que algunos jóvenes se perciban siempre por debajo de los demás: menos atractivos, menos populares, con una vida menos «perfecta», menos felices en definitiva.

Problemas en las relaciones con iguales y familia

El grupo de iguales es la parte central durante la adolescencia, por lo que si aparecen problemas en esta área el sufrimiento es mayor.

Los conflictos en la familia también afectan bastante, aunque parezca que pasan o que les da igual, internamente sí que les afecta. A veces simplemente el tener una convivencia más tensa, discutir o sentir que no son escuchados o comprendidos les genera sufrimiento.

Hay adolescentes que se sienten queridos, pero no escuchados.

Fracaso escolar y autoexigencia

A nivel académico también es una etapa de cambios, el paso a secundaria lleva consigo una mayor exigencia académica y esto también puede tener un gran impacto en su estado emocional. Muchos adolescentes que hasta entonces no habían tenido ninguna dificultad empiezan a suspender, bloquearse en los exámenes o sentir que no llegan al nivel esperado.

En personas muy autoexigentes, solo sacar buenas notas no es suficiente, viven con el miedo a bajar el nivel, a decepcionar a profesores o familia.

Cuando el valor personal depende del rendimiento académico, esta es una etapa de las más complicadas.

Síntomas de tristeza en adolescentes que no siempre son evidentes

Muchas veces la tristeza no se expresa como socialmente se espera, sino que se muestra en forma de cansancio, irritabilidad, cambios en el sueño, pérdida de interés o bajada en el rendimiento.

Puede que dejen de quedar con amigos, que abandonen actividades de las que antes disfrutaban o que se muestren más sensibles ante cualquier comentario.

Puede aparecer también pérdida de apetito y alteraciones del sueño (dormir poco o demasiado).

Lo importante es observar los cambios respecto a cómo era ese adolescente antes.

Cuando la tristeza se esconde detrás de la irritabilidad o el aislamiento

La tristeza en la adolescencia algunas veces pasa desapercibida porque lo que vemos es enfado, irritabilidad, malas caras, portazos, malas contestaciones e incluso pasotismo. Pero detrás de esto hay un sufrimiento real.

No se trata de justificar este tipo de conductas, pero sí de entender por qué pasan, qué es lo que hay detrás realmente.

Otras veces la tristeza se demuestra con el aislamiento, la desconexión con todo (amistades, actividades reconfortantes, familia, etc). Una cosa es la necesidad de intimidad propia de esta etapa, y otra el aislamiento total de los demás.

Si vemos que no quiere salir nunca, que está como «apagado» y sin ganas de hacer nada, es momento de ofrecerle nuestra ayuda.

Diferencia entre tristeza puntual y un estado de ánimo que preocupa

La tristeza puntual es algo normal y que todos experimentamos. Es necesaria y tiene su función, nos ayuda a procesar pérdidas, decepciones, cambios o frustraciones.

Lo que debe preocuparnos es cuando esta se mantiene en el tiempo, aparece cada día e interfiere en la vida cotidiana.

Si vemos que el adolescente deja de disfrutar, pierde interés en sus amistades, baja su rendimiento y tiene expresiones de culpa, desesperanza o inutilidad, debemos prestar una atención especial.

La tristeza puntual tiene momentos, va y viene, tiene momentos de bienestar, mientras que cuando el estado de ánimo ya está más afectado el sentimiento es más permanente, el malestar ocupa la mayoría del tiempo.

Cómo acercarte a tu hijo adolescente cuando está triste

A veces lo más complicado es acercarnos a ellos para ofrecerles nuestra ayuda, no porque no sepamos, sino más bien por miedo a su reacción. Si interpreta que lo que queremos es interrogarles, juzgar o corregir, lo más seguro es que nos rechace.

Podemos acercarnos con comentarios más cercanos, por ejemplo «siento que estás un poco apagado estos días», o «parece que algo te está preocupando o haciendo sentir mal», sin exigirles una respuesta al momento.

Otra cosa que ayuda es validar lo que sienten, más que aconsejar: «entiendo que ahora no quieras hablar», «cuando quieras estoy aquí» en incluso ofrecerles ayuda externa «si no te apetece contármelo podemos buscar a alguien que te ayude con esto».

Respetar los silencios también es importante, estar disponibles, ofrecer nuestro apoyo.

A parte de entenderles y ofrecerles nuestra ayuda, también es importante cuidar los límites. Que entendamos su malestar no significa que debamos aguantar faltas de respeto, conductas agresivas y abandono total de rutinas básicas y responsabilidades.

Cuándo la tristeza en adolescentes necesita atención psicológica

Si observamos que la tristeza se mantiene en el tiempo, si el adolescente se aísla mucho, hay cambios en el sueño, alimentación y rendimiento, conviene prestar especial atención y buscar la ayuda de un profesional.

Igualmente si vemos que aparece el llanto frecuentemente, ansiedad, autolesiones, comentarios de no querer vivir o sensación d desaparecer, la consulta no debe posponerse.

La terapia, puede resultar un espacio para el adolescente donde poder expresar sin sentir que preocupa, que decepciona o que enfada. Incluso cuando hay una negativa al inicio a asistir al psicólogo, mi experiencia me ha demostrado que una vez empiezan a trabajar y comprueban que es un espacio para ellos y desde la ayuda, acogen la terapia como una gran ayuda.

En terapia, se trabaja la identificación emocional, los pensamientos que mantienen el malestar, la autoestima, las relaciones y las estrategias para afrontar lo que está viviendo.

La tristeza en adolescentes no siempre significa depresión, pero siempre merece ser escuchada cuando empieza a cambiar la forma en la que el joven vive, se relaciona o se mira a sí mismo.

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Joana Bofí Alvarado

Directora de Método Divergentes y Psicóloga Clínica Infantojuvenil

colegiada nº CV12247

Cuenta con una sólida formación académica, destacando su Licenciatura en
Psicología por la Universitat de València, Máster en Psicología General Sanitaria y diversos másteres especializados en el ámbito infantojuvenil. Joana canaliza su experiencia para ofrecer soluciones integrales a los trastornos infantojuveniles y brindar apoyo a aquellos con altas capacidades intelectuales, su campo de especialidad.

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