Hoy en día, ser padre o madre es una tarea compleja en la que la improvisación no sirve y se demandan destrezas específicas tras las nuevas necesidades que da la sociedad. Los estilos educativos representan la forma de actuar de los adultos frente a los niños ante situaciones cotidianas, la resolución de conflictos o la toma de decisiones.

Las estrategias de socialización que emplean los padres con los hijos engloban: el nivel de la comunicación (aceptación-rechazo, calor-frialdad, afecto-hostilidad, proximidad-distanciamiento), el tono y las conductas para encauzar el comportamiento del niño o niña (autonomía-control, flexibilidad-rigidez, permisividad-restricción).

En las relaciones padre-hijo se han identificado dos variables en la práctica educativa, la variable «dominio-sumisión» y la variable «control-rechazo», ambas fundamentales en la socialización de los hijos. El autor Rollins y Thomas (1979) las entiende como «intentos de control» y «apoyo parental.

¿Qué áreas se valoran hoy en día a la hora de educar?

Actualmente se consideran cuatro áreas distintas en las conductas de los progenitores a la hora de educar: afecto en la relación, el grado de control, el grado de madurez y la comunicación entre padres-hijos. Estas dimensiones y la forma en la que se interrelacionan dan lugar a unas experiencias educativas diversas que los niños experimentan influenciando en su desarrollo.

¿Cuáles son las áreas en la práctica de socialización familiar?

 

¿Qué estilos educativos conocemos?

Conocemos los estilos educativos como pautas prácticas que disminuyen las muchas prácticas educativas a unas pocas dimensiones, que, trabajando entre sí, dan pie a diferentes tipos de educación familiar.

No hay modelos puros como tal, se solapan. Los estilos educativos varían según el desarrollo del menor, no son estable en el tiempo, suelen ser mixtos. Pueden cambiar por variables como: el sexo, edad, lugar que presentan entre los hermanos, etc. Por tanto, a la hora de hablar de los estilos de prácticas educativas, hablamos de inclinaciones globales de comportamiento.

Es importante resaltar que las relaciones padres-hijos son bidireccionales. Aún con una postura pasiva por parte del niño, ésta también influye sobre los padres de modo decisivo.

Diferenciamos tres estilos educativos:

En dicho estilo se consideran la obediencia como una virtud, al igual que la responsabilidad de completar las tareas marcadas, las tradiciones y la preservación del orden. Apoyan las medidas de castigo o de fuerza donde el menor se encuentra en un papel subordinado en el que se restringe su autonomía.

Se ejerce mucho esfuerzo en controlar, influir y evaluar el comportamiento y actitudes de los hijos según unos rígidos patrones preestablecidos. No se facilita el diálogo y en muchas ocasiones se rechazan a los menores como medida disciplinaria.

El estilo autoritario es el que tiene repercusiones más negativas en la socialización de los hijos. Los menores presentan falta de autonomía personal y creatividad, baja competencia social y autoestima. Fomenta niños descontentos, reservados, poco comunicativos y afectuosos, con baja constancia a la hora de perseguir metas y con una pobre interiorización de valores morales.

El estilo permisivo proporciona gran autonomía al hijo siempre que no se ponga en peligro su supervivencia física. El adulto permisivo se comporta de una forma afirmativa, aceptadora y benigna hacia los impulsos y las acciones del niño. Su objetivo fundamental es liberarlo del control y evitar el recurso a la autoridad, el uso de las restricciones y castigos. En dicho estilo no se encuentra una exigencia por la responsabilidad de completar una tarea o en las expectativas de madurez.

Uno de los problemas que se encuentra en el estilo permisivo es que los padres no siempre son capaces de marcar límites a la permisividad y, en ocasiones, esto repercute en efectos socializadores negativos en los niños dando lugar a conductas agresivas y el logro de independencia personal. Este tipo de padres parece formar niños alegres y vitales, pero dependientes, con altos niveles de conducta antisocial y con bajos niveles de éxito personal y madurez.

Un estilo democrático trata de dirigir al niño imponiéndole roles y conductas maduras a través del razonamiento y la negociación. Los padres de este estilo educativo tienden a dirigir las actividades del niño de forma racional.

Se parte del concepto “aceptación” de los derechos y deberes propios, así como de los derechos y deberes de los niños (reciprocidad jerárquica), es decir, cada miembro de la familia tiene responsabilidades y derechos respecto al otro.

Es un estilo educativo que se caracteriza por la comunicación bidireccional. Destaca la importancia entre la responsabilidad social de las acciones y el desarrollo de la autonomía e independencia en el hijo.

Dicho estilo produce efectos positivos en la socialización como:

 

¿Cuál es el estilo educativo con más beneficios?

Tras las revisiones se concluyó que el modelo de familia democrático es el más favorable por ser el más educativo y completo para desarrollar la personalidad de los menores, estimular sus capacidades, fomentar pautas sociales, habilidades de comunicación y socialización. Dicho modelo demanda de unos adultos con seguridad, serenidad y capacidad de reflexión. La validez de dicho estilo está en el equilibrio entre la autoridad y el afecto, siendo importante establecer normas y límites.

¿Qué repercusión tiene el estilo educativo ejercido?

Los estilos educativos tienen una gran repercusión y consecuencias evolutivas en los menores tanto en la etapa infantil como a lo largo de la vida. Gracias a diferentes estudios sabemos que algunos de los beneficios de estilos educativos apropiados se encuentran en:

 

¿Cuáles serían los beneficios de padres formados y bien orientados?

Todos los modelos coinciden en la idea de que los padres son la base para la personalidad del niño. Estos conceden un conjunto de funciones psicológicas básicas por los que sus actuaciones son muy importantes. La familia educa a los hijos tanto directa como indirectamente solo por el contexto en el que la relacione se desarrolla.

En definitiva «cualquier esfuerzo para mejorar la calidad de las relaciones establecidas entre los miembros de la familia contribuirá al desarrollo de un adecuado clima familiar, y este a su vez favorecerá la adaptación de los hijos a dicho contexto» (Triana y Simón, 1994, 274).

¿Cómo trabajamos esto en Divergentes?

La experiencia nos enseña que son muchos los padres y madres desorientados y con dudas de cómo educar a sus hijos. Muchos comentan que no pueden repetir las prácticas que observaron en sus progenitores, se sienten solos en la tarea de cuidado y crianza. Necesitan aprender a adaptarse a las exigencias de la sociedad cambiante en la que nos encontramos.

Por lo tanto, entendiendo la familia como escenario de aprendizaje y medio educativo fundamental, consideramos necesaria la implementación de “programas de educación familiar” donde dotarles de herramientas para educar a sus menores de una forma sana y positiva.

 

Mara Lerma de Antonio. Psicóloga. M-35989

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