8 Consejos para ayudar a tus hijos a tolerar la frustración.

La frustración es un estado emocional que se presenta cuando no se satisface un deseo, una ilusión, o una necesidad. Esto provoca en nosotros sentimientos que van desde la tristeza, el enfado y la desilusión, hasta la desesperanza. Son sentimientos totalmente normales, simplemente debemos entender por qué suceden y como controlarlos.
Lo que les sucede a muchos niños (y algunos adultos) es que no saben controlar la reacción que se desencadena ante la frustración, siendo esta desproporcionada a la situación: gritos, pataletas, enfados, etc. Ayudar a tus hijos a tolerar la frustración les beneficiará en todos los sentidos.

Cuestión de actitud.

En las primeras etapas de la vida, los niños y niñas tienen lo que se denomina “pensamiento egocéntrico”, es decir, ellos piensan que el mundo gira a su alrededor y por lo tanto, creen que deben obtener todo lo que deseen. En estas etapas no existe la empatía, su cerebro no tiene esa capacidad, no se ha desarrollado lo suficiente como para entender que los demás también tienen necesidades y deseos. Por eso es tan importante que en estas edades empecemos a enseñarles a no frustrarse ante situaciones adversas, a aprender de ellas y a crecer. Tolerar la frustración es una cuestión de actitud, así que, vamos a ayudarles a desarrollar esa actitud.

¿Cómo enseñamos a nuestros hijos a tolerar la frustración?

Aquí os dejamos 8 consejos:

  1. Busca un motivo: no hay esfuerzo sin motivo, por eso, es importantísimo que si queremos que nuestros hijos se esfuercen en algo tengan un motivo de peso. Busca un motivo valioso para ellos, una meta. Piensa en ti, los adultos también funcionamos de esa forma, nos esforzamos porque sabemos que después de ese esfuerzo hay una recompensa, y luego les exigimos a ellos el esfuerzo sin la recompensa (al menos lo que ellos consideran recompensa). Si por ejemplo lo que queremos es que se esfuercen en leer un poco cada día, podemos darles una ficha o punto cada noche después de leer y que el fin de semana las pueda canjear por algo. Ellos no van a comprender que aprender a leer bien y crear el hábito de la lectura es beneficioso para ellos, por lo tanto, debemos encontrarles un motivo valioso.
  2. No les hagas todo: rompe la idea de que las cosas vienen dadas sin esfuerzo. Si les damos todo hecho ellos piensan que así funciona todo, “pido y se me da”. Haz que hagan todo lo que son capaces de hacer en cada edad. Si tu hijo ya es capaz de vestirse, que se vista él, aunque tengas prisa, aunque se tarde más.
  3. No seas excesivamente permisivo/a: que vea que no siempre se sale con la suya, que algunas veces las cosas no son como esperamos y que no pasa nada.
  4. Deja que se frustre: no cedas ante una rabieta, deja que se calme y después razonas con el/ella.
  5. No veas el fracaso como algo negativo: transmítele que fracasar no tiene por que ser algo malo, haz que lo vea como una oportunidad para aprender, para intentarlo de otra forma, para probar soluciones alternativas.
  6. Refuérzale cuando veas que reacciona bien ante un fracaso. Que note que tu actitud no es la misma cuando reacciona de forma positiva. No des por hecho que lo sabe, demuéstraselo.
  7. Edúcale en el esfuerzo: Educar a los más pequeños en el esfuerzo y la perseverancia es vital para que aprendan a no frustrarse pronto, a tolerar la frustración. Pero el valor del esfuerzo no nos viene dado desde el nacimiento sino que debe se educado por los padres. Se necesita entrenamiento para ello, la creación de hábitos y responsabilidades en los niños y niñas desde edades tempranas.
  8. Se un ejemplo. Que vea que no te rindes, que pones todo tu empeño en lo que haces, que no te enfadas cuando algo no sale según tus expectativas, que te esfuerzas.

¿Qué efectos tendrá esto en nuestros hijos?

Crecimiento:

El fracaso fomenta la mejora de uno mismo, el crecimiento personal. Fracasar hace que nos esforcemos más y lo volvamos a intentar. Los logros después de esto son mayores, y el sentimiento de valía también. Tendemos a valorar más aquello que nos ha costado más de conseguir.

Resolución de problemas:

Que algo no nos salga bien a la primera hace que tengamos que pensar en alternativas, en soluciones diferentes a las utilizadas hasta el momento. Hace que seamos más creativos y generemos respuestas diversas ante un mismo problema.

Aprendizaje:

Sí, de los errores se aprende, y mucho. Equivocarnos hace que nos fijemos en qué hicimos mal, en qué no ha funcionado. Provoca que hagamos un autoanálisis de nuestra conducta y veamos qué deberíamos hacer diferente la próxima vez.

Carácter:

La forma en la que nos enfrentamos a la complicaciones y las dificultades, a los fracasos, etc también configuran nuestro carácter.

Coraje, valor, valentía:

Enfrentarse a los problemas, no frustrarse, no decaer, incrementará nuestra sensación de valor, nuestra satisfacción con nosotros mismos, el sentimiento de valentía.

Resiliencia:

O la capacidad de crecer ante la adversidad. Ver oportunidades donde otros ven dificultades, desarrollarnos a través de los problemas, mejorarnos. Somos residentes cuando, a partir de un problema, crecemos.

Perseverancia:

Tolerar la frustración hará que seamos personas perseverantes, que no decaigamos al mínimo fallo.

Experiencia:

Superar dificultades, aprender de los errores, no frustrarse…todas ellas son actitudes que incrementaran la variedad de experiencias vividas y superadas y nos enriquecerá a nivel emocional.

Crecer con la idea del esfuerzo.

Enseñarles a no frustrarse, a perseverar, y a aceptar que los fracasos forman parte de la vida y no por ello debemos decaer, hará que crezcan con la idea del esfuerzo. Desarrollaran la capacidad de tolerar la frustración.

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Joana Bofí Alvarado, Psicóloga Infantil y Adolescente. Especialista en Altas Capacidades Intelectuales.

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