Cómo ayudamos a un niño de 9 años a mejorar su falta de concentración en clase

Uno de los motivos de consulta más habituales en Divergentes es la falta de concentración en clase. Muchas familias llegan sin saber muy bien qué pasa, «es inteligente pero incapaz de atender», «si no estamos encima, no hace nada», «le cuesta horrores hacer los deberes»…

En este artículo voy a plantear un caso clínico anonimizado, con datos cambiados para proteger la identidad del menor, pero muy práctico para que veáis lo que hacemos en consulta en estos casos.

Se trata de un menor de 9 años que llegó a Método Divergentes porque tanto desde el centro escolar, como desde casa, notaron un descenso en su rendimiento académico.

No es que tuviese grandes problemas de conducta, tampoco molestaba en clase (motivo por el que durante un tiempo el problema pasó desapercibido), pero siempre el tema deberes y estudio había sido una pelea en casa. Horas para hacer poco, batallas para que se sentara a estudiar, negociar cada ejercicio…

Los padres estaban ya agotados de no saber qué hacer.

Qué preocupaba a la familia del rendimiento escolar del hijo

La familia consultó porque el niño cada vez necesitaba más ayuda para hacer los deberes. Deberes que deberían hacerse en poco tiempo se alargaban muchísimo. Se distraía, se quedaba mirando el papel, empezaba una actividad y la dejaba a medias. Si no se sentaban a su lado era imposible que trabajara solo de forma eficiente.

En clase ocurría algo parecido. La tutora explicaba que era un niño tranquilo, agradable y con buena actitud, pero que parecía desconectarse con facilidad. Cuando se le preguntaba, muchas veces no sabía por dónde iban. Las distracciones eran continuas.

Cometía errores frecuentes por descuido: copiaba mal los ejercicios, leía los enunciados a medias, dejaba ejercicios sin terminar, se olvidaba del material o incluso de apuntar los deberes en la agenda.

A consecuencia de esto, percibieron también que él empezaba a verbalizar expresiones como «no puedo», «no sé hacerlo», «no soy listo»… La imagen que se estaba creando sobre sí mismo ya empezaba a ser negativa.

Este es uno de los problemas colaterales: cuando el menor ve que todos pueden y él no, que le cuesta más, que además los padres se enfadan con él porque no hace los deberes, se despista o los hace mal… empieza a afectar a la autoestima del menor.

Otro de los daños colaterales es el deterioro de la relación entre el menor y los padres. Al estar siempre en conflicto respecto a los temas académicos, se crea una relación tensa y poco agradable que acaba siendo continua.

Cómo fue el proceso de evaluación

Lo primero que hicimos fue una evaluación completa para explorar su perfil, sus capacidades y sus dificultades, además de descartar que hubiese un TDAH u otra necesidad específica. Las pruebas no fueron únicamente de atención, ya que los problemas en este ámbito pueden tener distintos orígenes (TDAH, ansiedad, problemas de sueño, hábitos de estudio ineficientes…).

Por eso en Divergentes hacemos una exploración completa en cada evaluación psicopedagógica, que en este caso incluyó las siguientes áreas.

Primero valoramos el perfil intelectual. Era importante saber si existían diferencias significativas entre áreas, cómo razonaba, cómo procesaba la información y qué recursos cognitivos tenía disponibles.

Después evaluamos atención y funciones ejecutivas: atención sostenida, control inhibitorio, impulsividad, velocidad de procesamiento y memoria de trabajo.

También exploramos la parte emocional. Exploramos el estado de ánimo, la ansiedad y el autoconcepto. Estos tres ámbitos también afectan mucho al rendimiento.

Por último, añadimos pruebas específicas relacionadas con el aprendizaje, especialmente lectura, comprensión y escritura, porque algunos de sus errores podían estar relacionados con dificultades para manejar la información escrita. Aquí explicamos las pruebas que utilizamos para evaluar el TDAH infantil.

Los resultados en este caso no arrojaron un TDAH ni un trastorno del aprendizaje, pero sí ciertas dificultades en las funciones ejecutivas, la atención y la memoria, así como en la comprensión lectora. A partir de estos resultados ya pudimos trazar un plan de acción personalizado, tanto para la familia como en colaboración con el colegio.

Qué intervención aplicamos

La intervención tuvo tres líneas de acción: una para la familia, desde casa. Otra con el centro escolar, y la tercera desde Divergentes, en consulta.

Con el niño trabajamos estrategias de atención y funciones ejecutivas. Le enseñamos a dividir tareas, usar autoinstrucciones, revisar pasos, detectar errores frecuentes y parar a pensar antes de responder impulsivamente.

También trabajamos con apoyos visuales. Por ejemplo, pequeñas listas de comprobación para los ejercicios: leo el enunciado, subrayo lo importante, hago la tarea, reviso si he contestado a todo (autoinstrucciones).

En paralelo, trabajamos la tolerancia a la frustración. Cuando un niño se equivoca muchas veces, puede empezar a abandonar antes de intentarlo. Por eso es importante ayudarle a interpretar el error de otra manera: no como una prueba de que “no sirve”, sino como una señal de que necesita revisar el trabajo.

Con la familia, hicimos una reorganización de los hábitos y rutinas respecto a los deberes y estudio. Tareas por tiempos, descansos programados, uso de recordatorios y de refuerzos.

Con el colegio nos coordinamos para acordar con ellos las mejores medidas tanto dentro del aula como para saber qué aspectos estaban funcionando y cuáles necesitaban que reforzáramos en sesión. La comunicación con el centro educativo es primordial en estos casos. Desde allí, se propusieron adaptaciones sencillas: comprobar que había entendido la consigna, sentarlo en una zona con menos distractores, dividir tareas largas y el uso de estrategias de revisión.

Cómo evolucionó el problema de su concentración en clase tras el proceso

La evolución en estos casos (y en la mayoría de los procesos en psicología) no es lineal y tampoco rápida. Los cambios en psicología requieren tiempo, son progresivos, tienen altibajos y hay que ser paciente y constante.

Y así fue en este caso. El cambio fue progresivo, poco a poco, hasta que se iban consolidando objetivos e introducíamos nuevos.

Además, en estos casos en los que el cambio no viene solo del menor sino que también depende de cambios en los padres, de adaptaciones en el colegio… hay que ser aún más paciente y constante.

Pero poco a poco pudimos comprobar que el niño terminaba antes las tareas, se centraba más y cometía menos errores. Fue adquiriendo el hábito y la rutina necesaria para automatizar sentarse a hacer los deberes (y esto rebajó el conflicto familiar muchísimo).

Ya no necesitaba toda la tarde dedicada a las tareas de clase, y eso repercutió también en cómo se sentía él. Empezó a sentirse más capaz y con más tiempo para divertirse.

Desde el centro escolar también comprobaron que funcionaba mucho mejor, tanto respecto a la capacidad de prestar atención como en el trabajo autónomo.

Los casos como este son casos en los que cambios sencillos hacen grandes mejoras, tanto en el menor, como en la familia y la relación que tienen entre ellos. A veces las familias aguantan demasiado tiempo en situaciones realmente complicadas y que generan gran malestar, por no saber muy bien qué pasa ni qué hacer, cuando la solución es más sencilla de lo que parece.

En ocasiones, detrás de la falta de concentración aparecen dificultades específicas del aprendizaje, problemas de funciones ejecutivas o situaciones emocionales que requieren una intervención diferente, por eso, es importante saber cómo detectar trastornos del aprendizaje.

C/ Joaquín Costa nº 43
46005. Valencia

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Joana Bofí Alvarado

Directora de Método Divergentes y Psicóloga Clínica Infantojuvenil

colegiada nº CV12247

Cuenta con una sólida formación académica, destacando su Licenciatura en
Psicología por la Universitat de València, Máster en Psicología General Sanitaria y diversos másteres especializados en el ámbito infantojuvenil. Joana canaliza su experiencia para ofrecer soluciones integrales a los trastornos infantojuveniles y brindar apoyo a aquellos con altas capacidades intelectuales, su campo de especialidad.

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