Hay veces en que la demanda con la que acude la familia no coincide con los resultados finales, y esto ocurre en ocasiones con el TDAH y las altas capacidades. No porque ambas no puedan coexistir en una misma persona, sino porque muchas veces algunos comportamientos pueden parecerse mucho desde fuera: despistes, inquietud, aburrimiento, deberes sin terminar, sensación de soñar despierto o intensidad.
En este artículo os muestro un caso anonimizado y con los datos cambiados para proteger la identidad del menor, pero que representa muy bien un perfil que solemos ver en consulta: una sospecha inicial de TDAH que acaba siendo una alta capacidad.
Índice
Por qué la familia sospechaba un TDAH
En este caso se trataba de un niño de 8 años. Los padres comentaban que era muy rápido haciendo las tareas, muy curioso y hablador, que preguntaba por todo continuamente y que tenía mucha energía. También era un niño muy despistado, caótico e impulsivo.
Desde el centro escolar comentaban lo mismo: terminaba muy rápido las tareas, incluso a veces dejaba alguna sin completar por despistes. No podía estar quieto en su silla y siempre tenía el brazo levantado para preguntar o responder.
Por esto, lo primero que plantearon tanto la familia como el colegio fue un posible TDAH, puesto que había falta de atención, impulsividad, inquietud motora y mucha «intensidad».
Pero al empezar la evaluación vimos que también había ciertos rasgos que no encajaban con un TDAH: en temas que suponían reto era capaz de mantener la atención durante períodos prolongados, hacía preguntas elaboradas, conectaba ideas con rapidez y tenía una comprensión avanzada para su edad.
Qué exploramos para diferenciar TDAH y altas capacidades
En Divergentes, independientemente de cuál sea la sospecha o hipótesis diagnóstica, hay unos ámbitos que exploramos siempre: inteligencia, funciones ejecutivas, estado emocional, autoconcepto e historia de desarrollo. Los bloques que siguen después sí son específicos de la hipótesis que habremos planteado a partir de la información aportada por la familia, el colegio y los resultados de las pruebas que ya hemos pasado.
Por eso realizamos una evaluación psicopedagógica completa, para tener una base previa que marque el camino.
El diagnóstico diferencial entre TDAH y altas capacidades consiste en analizar a qué se deben y de dónde vienen los rasgos que confluyen en ambas. Por ejemplo, la falta de atención en el TDAH se debe a una dificultad para mantener la atención incluso en tareas que le gustan, y es inconsciente y generalizada, mientras que en las altas capacidades la falta de atención depende del entorno y del nivel de estimulación, y ocurre por aburrimiento.
La hiperactividad en el TDAH es impulsiva y tiene una función autorreguladora, mientras que en las altas capacidades se debe a una elevada excitabilidad mental, a una necesidad de canalizar la intensidad emocional e intelectual.
Otro aspecto que confluye y que tiene un origen distinto es la falta de cumplimiento de normas y tareas. Mientras que en el TDAH se debe a olvidos o conductas impulsivas, en las altas capacidades a menudo no las cumplen porque no les ven lógica o sentido.
En el caso que exponemos, las pruebas de inteligencia ya arrojaron valores muy altos que indicaban que se trataba de un perfil de altas capacidades, por eso valoramos también la creatividad. Pero faltaba hacer este diagnóstico diferencial para ver si estos rasgos se debían a las altas capacidades o bien a la confluencia de altas capacidades con TDAH, ya que podíamos estar también ante un perfil de doble excepcionalidad: altas capacidades y TDAH. Es decir, que pudiese presentar altas capacidades y, al mismo tiempo, dificultades reales de atención, impulsividad o funciones ejecutivas.

Qué mostró la evaluación y cómo se lo explicamos a la familia
Los resultados mostraron un perfil de altas capacidades, con un razonamiento muy superior al esperado para su edad y una gran facilidad para establecer relaciones entre ideas.
En cambio, las pruebas de atención no mostraban resultados congruentes con un perfil de TDAH.
En estos casos es importante aclarar bien a la familia que los rasgos que estaban observando no se debían a un TDAH. Eso no significa negar que existieran, sino que esas dificultades se entendían mejor desde un perfil de altas capacidades, debidas a la necesidad de reto, la baja motivación ante tareas repetitivas y cierta inmadurez en la autorregulación.
A la familia le ayudó mucho diferenciar entre capacidad y rendimiento. Un niño con altas capacidades puede rendir por debajo de lo esperado si no está suficientemente estimulado, si no encuentra sentido a la tarea o si no ha desarrollado hábitos de esfuerzo ajustados.
Después de nuestra evaluación siempre hacemos una sesión de psicoeducación en la que explicamos bien qué significa tener altas capacidades, recursos, adaptaciones académicas, apoyos, etc.
Por eso recomendamos ampliar la información con recursos como cómo saber si mi hijo tiene altas capacidades, para entender mejor que no todos los perfiles de altas capacidades se parecen.
Qué cambió en casa y en el colegio con el nuevo enfoque
El mayor cambio siempre se da cuando la familia entiende por qué se comporta de una forma u otra: que no está «desafiándoles», que no lo hace «para fastidiar» o porque le da la gana, sino que es algo que no puede controlar y que muchas veces la solución es externa.
En el colegio su situación mejoró en el momento en el que se aplicaron adaptaciones curriculares como el enriquecimiento, un mayor nivel de reto y la compactación curricular (eliminar tareas repetitivas y contenidos ya asimilados).
En casa se trabajaron técnicas de organización y hábitos de estudio, tolerancia a la frustración y cumplimiento y priorización de tareas.
También se trabajó en consulta con él la idea de que aprender no siempre significa hacerlo todo rápido. Para algunos niños con altas capacidades, el reto no está en comprender, sino en mantener el esfuerzo cuando algo no sale a la primera.
La evolución fue muy positiva. Disminuyeron algunas conductas disruptivas y mejoró su disposición hacia las tareas.
Este tipo de casos nos recuerda por qué es tan importante evaluar bien, porque un mismo comportamiento puede tener explicaciones distintas. Un niño que se distrae puede tener TDAH, puede tener altas capacidades, puede estar ansioso, aburrido, desmotivado o presentar más de una cosa a la vez.


