Ante el estrés, frustración y otro tipo de situaciones, se suele reaccionar desde un punto de vista emocional que se ve traducido con expresiones de ira, disforia o ansiedad y, por otra parte, desde reacciones físicas.
Vamos a explorar las causas de la frustración infantil y como educar a los niños para tolerarla
Índice
- 1. ¿Qué es la frustración infantil?
- 2. Educar a los niños para tolerar la frustración
- 3. Características de los niños sin tolerancia a la frustración
- 4. Reacciones de un niño que se frustra rápidamente
- 5. ¿Cómo ayudo a mi hijo a que tolere la frustración?
- 6. Psicólogos infantiles para la baja tolerancia a la frustración en Valencia
¿Qué es la frustración infantil?
Antes de hablar de cómo inculcar la tolerancia a la frustración en nuestros hijos, tenemos que definir qué es exactamente la frustración.
Cuando hablamos de frustración, hablamos de un sentimiento que aparece cuando nuestros deseos no están satisfechos, ya sea algo material, una ilusión o algún plan o proyecto que esperábamos con ansia.
Además, las niñas y los niños que no aprenden a gestionar las desilusiones y la frustración correctamente se pueden convertir en adultos con poca capacidad de gestión de la inteligencia emocional.
Educar a los niños para tolerar la frustración
Es importante destacar que es fundamental enseñar a nuestros hijos a tolerar la frustración desde que son pequeños y que no nos tenemos que preocupar si los vemos ‘’sufrir‘’ cuando están dando este paso, ya que se trata de un sufrimiento pasajero que se verá compensado cuando sepa reaccionar ante los problemas de la vida.
¿Por qué mi hijo tiene baja tolerancia a la frustración?
Los niños se enfadan porque aún están aprendiendo (a compartir, a entender que cada pensamiento es único, a utilizar las palabras exactas y a controlar lo que sienten, entre otros).
A esto hay que añadirle que los niños de entre 3 y 6 años no tienen aún desarrollada la empatía y piensan de forma egocéntrica que el mundo gira a su alrededor y que no saben esperar, ya que no tienen desarrollado el concepto del tiempo.
La empatía se empieza a desarrollar a partir de los 6 – 7 años y termina de hacerlo a los 10 – 12 años.
Es decir, que un niño pequeño lo quiere todo y de forma inmediata y, si no le damos lo que ellos quieren en ese momento, reaccionan llorando, enfadándose, y teniendo las famosas rabietas. Resumiendo, se frustran cuando sus deseos no son cumplidos.
Características de los niños sin tolerancia a la frustración
Como siempre, hablamos en líneas generales. Se puede observar una baja tolerancia a la frustración cuando vemos las siguientes características:
– Son niños exigentes y demandantes, a menudo pueden sufrir el llamado Síndrome del Emperador
– Tienen dificultades a la hora de adaptarse a los cambios.
– Quieren satisfacer sus necesidades en el momento en que las demandan y no pueden esperar, ya que, si no se le da lo que quiere en ese mismo momento, presentan pataletas y llantos.
– Abandonan frecuentemente la tarea que les cuesta.
– Buscan el refuerzo positivo.
– Tienen dificultad a la hora de manejar las emociones.
– Se comportan de forma impulsiva e impaciente.
– Toleran mal el fracaso y los errores propios o ajenos.
– Son más propensos a desarrollar problemas de ansiedad e inseguridad.
– Demuestran inflexibilidad y les cuesta adaptarse a nuevas situaciones o a situaciones que no se esperaban.
Reacciones de un niño que se frustra rápidamente
Cuando el niño no tiene herramientas para gestionar la frustración, esta se acumula y aparecen sentimientos como el enfado, la ira o la rabia. Así, pueden sentir el impulso de atacar o de escapar.
Debemos tener en cuenta eso de ‘’cada persona es un mundo’’ porque, ante una frustración, cada niño puede reaccionar de una forma totalmente distinta, aunque siempre suele haber respuestas generales:
– Resignación o apatía: Hablamos de esto cuando los pensamientos negativos son predominantes en la cabeza del niño. Así, en su cabeza se alojarían frases como ‘’no puedo hacer nada’’ o ‘’he perdido’’, entre otras.
– Huida: Esta es la reacción más típica que encontramos en adolescentes, los cuales, al no poder soportar la situación, deciden alejarse de ella.
– Conversión: La tensión que le produce la frustración se transforma en dolores físicos o en fatiga y cansancio.
– Agresión física o psicológica: Aquí encontramos a los niños que, cuando se ven desbordados por la frustración, deciden autolesionarse o expresar su agresividad con los padres.
Es necesario recalcar que ninguna de estas reacciones conllevará una solución al problema, es más, podrían agravarlo. Por eso es importante que los niños reconozcan estas emociones desde bien pequeños para aprender a canalizarlas, de forma que sus consecuencias sean las más adecuadas.
¿Cómo ayudo a mi hijo a que tolere la frustración?
Como ya hemos dicho antes, esto es algo que es recomendable abordar desde que son pequeños.
Debemos tener en cuenta que si le damos siempre (o casi siempre) lo que quiere cuando lo pide, que después de haber tenido una rabieta le damos lo que quería o se libra de lo que no o intentamos evitarle cualquier tipo de sufrimiento (porque nos da mucha lástima ver que lo pasa mal o simplemente porque necesitamos que se calle), no le enseñamos a manejar sus emociones y, ligado a esto, tampoco sus conductas.
– Da ejemplo: El ejemplo es la mejor manera para aprender ‘’expresión emocional’’, ya que de esta forma los pequeños de la casa ven como los padres verbalizan los sentimientos que nacen de la frustración.
– Deja que haga las cosas solos: Así aprenderá a hacer sus tareas solo y, además, aprenderá a ver el error como algo positivo, desarrollando así sus competencias y afianzando su autoestima.
– Es muy importante que se establezcan normas y límites y que se cumplan de forma tranquila, pero con firmeza.
– Enseñarles a ser perseverantes. Esto es esencial para superar situaciones adversas. Además, así aprenderán a solucionar muchos de sus problemas y sabrán controlar esa frustración en otras ocasiones.
– No te sientas culpable al responder a su deseo ‘’No’’, ya que, aunque no lo creas, es necesario para su crecimiento personal, porque si no se les permite alcanzar sus retos por sí mismos, es muy difícil que puedan equivocarse y aprender de sus errores.
– Es importante que se aprenda a gestionar las rabietas cuando ocurran y no ceder ante ellas. Esto no significa que anules o minimices su llanto.
– Tener muy claro que la frustración es una cosa inevitable y que, si los pequeños de la casa no aprenden a manejarla y aceptarla a una edad temprana, cuando sean adultos les costará mucho más.
– Enseñarles que pueden pedir ayuda cuando la necesiten.
En resumen, la frustración puede ser una emoción positiva si conseguimos las herramientas para poder gestionarla, debido a que tiene un valor motivacional importante para quien no se deja llevar por estas emociones negativas que puede llegar a producir.
Psicólogos infantiles para la baja tolerancia a la frustración en Valencia
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